Éxtasis urbano en Carnaval de San Francisco

Salvado por el “milagro” del trabajo comunitario, el barrio de la Misión celebró otro majestuoso festejo carnal

Carnaval, ese día del año para apenas cubrir la desnudez en San Francisco.

Carnaval, ese día del año para apenas cubrir la desnudez en San Francisco.

Foto: Francisco Barradas / El Mensajero
PUBLICADO: EST May 31, 2013 1:43 pm EST

SAN FRANCISCO.— Caminar el Carnaval es distinto a mirarlo pasar. Implica despertar junto con quienes desfilan, entrar en calor con ellos, escuchar los "buenos días" suavecitos que unos labios perfectamente delineados pronuncian con simpatía a las 8:00 AM —dos horas antes que inicie el desfile— y luego sobresaltarse por los gritos repentinos de emoción, urgencia, ¡éxtasis!, de quienes apenas cubren su desnudez gloriosa para celebrar.

Eso de caminar el Carnaval es truco de fotógrafos, porque es más fácil retratar a los contingentes mientras realizan sus rutinas de baile en un pedazo de calle específico, que salir a perseguirlo a lo largo de la ruta del desfile, que cada año inicia en la esquina de las calles 24 y Bryant y concluye al norte, en la intersección de Mission y 17.

Así que para observar cómo el Carnaval despierta, se camina de Sur a Norte sobre Bryant, muy temprano, cuando aún las otras calles del barrio lucen vacías, mucho antes que la multitud jubilosa que suele atestar la Misión llegue a colocar asientos y sombrillas al paso del desfile.

Entre más al Norte se camine es más factible que se contemple la transformación maravillosa de los personajes de Carnaval. Es allá donde las mamás entregan a los hijos a sus padres y caminan luego majestuosas, coronadas de plumas y piedras brillantes al centro de la calle, a reunirse con otras hermosas bailarinas de samba; allá donde los caballeros pierden la seriedad y se maquillan; donde la batucada comienza a provocar que los ventanales de las casas vibren, aun cuando apenas resuenen a un tercio de su potencia.

El Carnaval sale del caos de cajuelas de coches, del interior de una mochila, baja de la vatea de una pick up. El Carnaval nace cuando al fin el niño vence la pena de ir vestido con un traje típico, al descubrir que el mundo entero que lo rodea es estrafalario.

Mientras los contingentes —47 en total este año— esperan que la columna se mueva, la alegría se calienta con ensayos, con parloteo, con baile. Gente común que se disfraza para alegrar a otros; seres extraordinarios, como Maximina Lozano, quien a sus ochenta y tantos años se puso una falda hecha con palmas y caminó, imbatible y sonriendo sin dientes, los 1.8 kilómetros de la ruta.

Anita Battel, una guapísima jubilada quien dijo ha vuelto a la escuela para estudiar relaciones internacionales y negocios, comentó que Carnaval "es una gran manera de estar con los amigos, de mantenerse en forma, de vestirse de manera hermosa y de lucir una gran figura, sin importar la talla, grande, mediana o pequeña, y sin importar el color". La diversidad, celebró, "es fenomenal". Criolla, de su mezcla de razas que unifica con una actitud excepcional, esa mañana del 26 de mayo parecía brotar el Carnaval.

Agrega un comentario

MÁS NOTAS