Fin de año en la Sinfónica de San Francisco

Con música clásica y un baile de máscaras, una feliz multitud recibió el año nuevo en el Davies Symphony Hall

A la medianoche del 31 de diciembre cayeron globos de colores en la Sinfónica de San Francisco para despedir el año.  Foto Suministrada

A la medianoche del 31 de diciembre cayeron globos de colores en la Sinfónica de San Francisco para despedir el año. Foto Suministrada

PUBLICADO: EST Jan 5, 2013 2:30 pm EST

SAN FRANCISCO.— Hermosa música clásica, elegantes vestidos largos, rebuscados antifaces y un toque de vino burbujeante para brindar a la medianoche: así fue la sofisticada despedida del año 2012 en la Sinfónica de San Francisco.

La velada del 31 de diciembre comenzó a las ocho de la noche con música de los Martini Brothers, para entrar en calor. Algunos aprovecharon los temas clásicos de Tony Bennett para bailar de 'cachetito' antes del concierto.

Al llegar las nueve, la acción se trasladó al Davies Symphony Hall. Allí, el joven maestro británico Michael Francis dirigió obras de tono festivo de autores como Johann Strauss (con su infaltable Danubio azul y la alegre obertura de El murciélago), Piotr Ilyich Tchaikovsky (El pájaro azul de La bella durmiente) y George Gershwin, entre otros.

La soprano Susanna Phillips dio realce a algunas de las piezas con su extraordinaria voz, en especial al vals Voices of Spring (Voces de primavera) de Strauss, y a Summertime, de la obra Porgy and Bess de Gershwin.

Después del concierto la música continuó fuera de la sala principal; por un lado Super Diamond (un conjunto que tenía un cantante que de plano se creía Neil Diamond), puso a bailar a todos al ritmo de September Morning.

Para los más tradicionales, la mejor opción —sin duda— fue bailar en el mismísimo escenario de la sala de conciertos al ritmo de la Peter Mintun Orchestra, que tocó melodías de décadas pasadas, como salidas de un fonógrafo antiguo. En realidad, todo el evento podría haber ocurrido en la década de los treinta o cuarenta.

No obstante el carácter clásico de la velada, acudió gente de todas las edades. Había parejas jóvenes, algunas de mediana edad, y otras de abuelitos con cabello totalmente blanco que bailaron durante horas dulces melodías, propicias para el romance.

A las doce en punto desde lo alto de la sala de conciertos cayeron globos de colores, y algunos en forma de estrella. La gente se abalanzaba para jugar con ellos, y en ciertos casos, para tronarlos, con el fin de producir así un sonido parecido al de las explosiones de los fuegos artificiales que —valga aclarar— no hicieron falta.

Luego de recibir el año nuevo 2013 el baile continuó por horas, al punto de provocar dolor de pies.

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