Víctimas de 'trata' necesitan más programas de apoyo
Años después, los sobrevivientes del tráfico humano corren el riesgo de ser explotados de nuevo
Foto: Jason Winshell/SF Public Press
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SAN FRANCISCO.- Cuando Lili Samad llegó al área de la Bahía para trabajar como niñera para un funcionario del gobierno egipcio, pensó que era un trabajo ideal. En cambio, dijo, se vio obligada a trabajar largas horas haciendo tareas domésticas y se le prohibió tener contacto con su familia en Indonesia.
"En primer lugar, cuando llegué allí, me trataron como una prisionera", dijo Samad.
Después de casi 3 años y medio por los cuales se le pagó sólo $ 1,000, buscó la ayuda de un vecino que había conocido un par de veces. Ella dijo que el vecino la ocultó en la cajuela de un carro y la llevó a una comisaría.
Pero después de escaparse, Samad se enfrentó a un nuevo desafío: cómo encontrar una vivienda y un trabajo estable. Samad se quedó con el vecino por unos pocos meses antes de trasladarse al Albergue para Mujeres Asiáticas, una organización sin fines de lucro en San Francisco que proporciona vivienda temporal a las mujeres que han sufrido violencia. Allí, los administradores de casos las conectan a los servicios comunitarios de rehabilitación para las víctimas. Sin embargo, el camino hacia la recuperación fue incierto. A lo largo de seis años, vivió en cuatro apartamentos temporales antes de establecerse en una vivienda subsidiada.
Las personas que son objeto de trata en el país reciben beneficios de servicios sociales provisionales del gobierno y de organizaciones sin fines de lucro después de ser rescatadas o de huir de cautiverio: albergue, atención médica, asesoramiento psicológico, empleo y asistencia legal. Pero una vez que estos beneficios se terminan, los especialistas de la lucha contra la trata de personas temen que las víctimas, que generalmente tienen poca experiencia laboral y redes débiles sociales y de familiares, podrían volver a caer en las condiciones laborales de explotación de las que huyeron.
Como víctima de la trata internacional laboral, Samad recibió asistencia del gobierno para permanecer en los EEUU. Sin embargo, ella es una de los cientos de sobrevivientes de este tipo de explotación que cada año, meses después de conseguir asistencia tratando de construir una nueva vida, terminan en viviendas marginales y con trabajos de bajo salarios.
A partir del año fiscal 2002 hasta mayo de este año, el gobierno de EEUU emitió 3,042 visas para víctimas de trata, llamadas visas T-1 de estatus no inmigrante, según los datos de la Oficina de Ciudadanía e Inmigración de EEUU. Estas visas proporcionan protección temporal y la oportunidad de solicitar la residencia permanente para los que son traficados desde países extranjeros.
Los expertos dicen que es difícil de identificar y cuantificar el número de víctimas en este país o aquellos que vuelven a ser explotados. No todas las víctimas de la trata sexual o laboral buscan la ayuda de los organismos gubernamentales o grupos comunitarios.
Pero además aquí mismo se presentan numerosos incidentes de tráfico laboral o sexual. Son comunes, por ejemplo, los casos de explotación de los trabajadores agrícolas por empresas contratistas, el abuso de las trabajadoras domésticas de los diplomáticos extranjeros y la coacción de las personas para que se dediquen a a la prostitución.
Los traficantes – cualquier persona que trae gente a los EEUU a través de la fuerza, fraude o coerción – a menudo ocultan a las víctimas en sus hogares, burdeles, barcos u otros lugares clandestinos.
LOS RIESGOS
Casi todas las mujeres entrevistadas en el estudio ahora trabajan en restaurantes, hoteles y otros trabajos de servicio. Esto representa un reto para su rehabilitación, dijo Noël Busch-Armendariz, director del Instituto sobre la Violencia Doméstica y Asalto Sexual en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Texas en Austin, y uno de los autores del informe, publicado en la Revista de Investigación Aplicada Sobre la Infancia.
Una de las necesidades a largo plazo de los supervivientes de la trata es la adquisición de habilidades para una nueva vida y habilidades profesionales, para que puedan avanzar hacia empleos que les dan más seguridad e ingresos, dijo Busch-Armendáriz.
"Si no les damos a los sobrevivientes y sus niños maneras de integrarse plenamente, maneras de ser auto-suficientes, podrían continuar siendo el blanco perfecto para seguir siendo explotado", dijo.
Una madre soltera de 38 años de edad de las Filipinas, quien pidió que no se usara su nombre, dijo que llegó a los EEUU para trabajar como ama de llaves para un embajador de África hace más de tres años. Pero tan pronto como llegó a Nueva Jersey, su empleador tomó control de su pasaporte y contrato de trabajo.
"La primera cosa que hizo que me asustó es que dijeron que su casa tenía un sistema de alarma – si abro la puerta, la alarma iba a sonar y la policía llegaría y me llevaría lejos", dijo en tagalo, su lengua natal, a través de un intérprete.
La mujer dijo que su empleador le pagó 1,000 dólares al mes por trabajar 17 horas al día, le lanzó un tenedor en un arrebato de ira y le hizo limpiar la cocina cuando ella estaba enferma. "Estaba muy asustada", dijo. "Siempre estaba nerviosa. Me sentía enferma".
Con la ayuda del chofer del embajador, se contactó con la Asociación de Trabajadores Migrantes Damayan, un grupo sin fines de lucro en Nueva York, que ayudó a rescatarla.
Ella dijo que encontrar trabajo ha sido difícil, y los empleadores potenciales temen su experiencia de trata de personas. Ahora trabaja como niñera a tiempo parcial, pero el sueldo no es suficiente para mantenerse.
"En verdad, es poco", dijo. "No es suficiente. Mi trabajo a tiempo parcial es suficiente para la vivienda. No hay seguro de salud".


















