VIVA LA FAMILIA
"Mi padre fue mi caddie antes y mi madre es mi 'cheerleader' principal", lo dice y le regala una risa alegre, limpia, inspiradora al green, lleno de luz y vida, donde se realiza esta entrevista.
La historia empezó a escribirla Ramón Salas cuando consiguió un trabajo hace más de 30 años en el pueblo de Azusa, en el sur de California.
"Me empleé como mecánico en el 'Azusa Greens Golfs Course'. Y allí traje a mi hija, cuando tenía seis años, a conocer los primeros campos y los primeros palos de golf. Así empezó todo", dice don Ramón.
También se sabe que, sin recursos para pagar las clases de golf de su hija, le pagaba a su instructor con labores propias de su profesión.
"Es cierto, no teníamos suficiente dinero para pagar su preparación y el hecho de ver su motivación nos impulsó a apoyarla con todo nuestro esfuerzo", agrega un hombre orgulloso de su hija y agradecido de lo que le ha dado la vida.
A su lado doña Martha, su madre, deshoja con una gan ternura una par de frases: "Es muy disciplinada. Muy Segura de lo que hace. Se pone metas y las cumple. Yo cuando la veo vestida de competidora, lista para ir al campo, dejo a un lado que soy su madre y me convierto en su principal seguidora desde afuera".
A puro talento tejió su historia como ganadora de torneos locales y estatales, hasta llamar la atención de varias universidades que la querían para sus equipos de la NCAA.
"En un torneo tiré para 62 y eso se supo en muchas partes. Por eso tuve varias ofertas para ir al colegio", se jacta sin alardear.
De entre todas eligió la Universidad del Sur de California [USC].
"Trojans" de alma y nervio. Tanto que lleva [también su padre] una elegante camiseta negra donde se lee, no USC. No. Se lee Trojans. Como un grito de guerra.
"Amo mi universidad por el apoyo que me ofrecieron en sus campos de golf y en lo que tenía que ver con mi preparación universitaria. Era una opotunidad que yo no podía dejar pasar", dice.
En Los Ángeles, en territorio troyano, Lizette sumó a sus logros un título en sociología, del cual se siente orgullosa porque cree que le ha dado instrumentos para entender a la sociedad convulsionada en la que vive.
Tiene 21 años, una maleta repleta de sueños y una admiración comprensible por Lorena Ochoa, la multicampeona mexicana que llegó a ser número uno y se fue del circuito como número uno del mundo.
¿Conoces a Lorena Ochoa?
"Desde hace poco tengo contacto con ella. Es mi principal heroína y espero llegar tan lejos como llegó ella", dice sin inmutarse.
"Es cierto, yo también quiero ser la número uno del mundo", insiste.
Ganar torneos masters debe estar entre sus sueños, pero ahora su meta tiene más que ver con el apego y el cariño a su tierra azteca.
"Lo que más quiero hacer lo más pronto posible es jugar el Torneo Invitacional de Lorena ochoa, en México, quiero que me conozcan en México".
En el carrito que recorre el campo a lo largo del green hay una bandera de Estados Unidos y una de México.
"Yo soy de Estados Unidos porque nací aquí, pero también soy mexicana", reitera, como si creyera que el reportero fuera a olvidar ese detalle no menor.
Entrega su tarjeta personal, donde se lee: Lizette Salas, LPGA Tour member.
Y se le recuerda que hace varios años, en una tarjeta como ésa, entonces se leía: Lorena Ochoa.
Es el sueño hecho realidad de Lizette Salas. Una mexicoamericana que teje su historia de éxito a puro corazón.
Con el esfuerzo propio de los que tienen metas al frente y el sacrificio natural de los que construyen logros.
Por ahora su estreno en la LPGA está asegurado para marzo, aunque su debut podría ser tan pronto como en dos semanas, si es que supera un primer corte que podría de una vez ponerla en el arranque del tour en Australia.



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