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WASHINGTON D.C. - Durante la semana que pasó, según las autoridades, el plan de Amine El Khalifi marchaba sobre ruedas: un cómplice de al-Qaida le dio un arma automática para matar a guardias de seguridad en el Capitolio. Un chaleco explosivo estallaría en el edificio y él sería un mártir.
Pero había un problema: los explosivos eran inertes, el arma no funcionaba y el presunto miembro de al-Qaida era un agente encubierto, de acuerdo con documentos judiciales.
El Khalifi fue arrestado el viernes en un estacionamiento cuando iba a perpetrar un ataque que según estuvo ensayando durante meses, hasta el punto de detonar una bomba en una cantera desierta y pedir otra más potente.
Una denuncia penal dada a conocer el viernes describe lo que los investigadores llaman la evolución desde un plan vago de prepararse para la "guerra contra los musulmanes" hasta intenciones explícitas de atacar un restaurante y una sinagoga y finalmente decidirse por destruir la sede del poder legislativo estadounidense.
Según los documentos, El Khalifi dedicó las últimas semanas a reconocer el edificio, entrenarse en el uso de explosivos y armarse para un ataque suicida, siempre vigilado por el FBI y el agente encubierto.
Mientras el marroquí de 29 años comparecía ante una corte el viernes para conocer los cargos, el FBI allanaba un barrio residencial cercado en Alexandria y una casa en Arlington, Virginia, aunque no se sabe qué hallaron.
Su defensor de oficio no respondió a pedidos de declaraciones. De ser declarado culpable, podría ser condenado a perpetua.
Las autoridades sólo han dado a conocer los datos biográficos básicos y no han dado a conocer su opinión acerca de por qué se volcó a la destrucción. Nació en Marruecos y arribó a Estados Unidos en 1999, a los 16 años. Según los documentos, permaneció en el país después del vencimiento de su visa. No tiene empleo y aparentemente no tiene vínculos con al-Qaida.



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