Disparo al corazón azteca

Asesinan a joven cultivador de la cultura mexica; incrementan llamados a regular las armas.

Ernesto Xe Acosta.

Ernesto Xe Acosta.

Foto: Suministrada / Departamento de Policía de San Francisco
PUBLICADO: EST Feb 21, 2013 12:35 am EST
SAN FRANCISCO.- Para los amigos y familiares de un joven latino, el debate sobre el control de armas no es ya una cuestión política ni estadística ni económica, sino de muerte. La policía de San Francisco pide ayuda por estos días para aprehender a quien disparó contra Ernesto Xe Acosta, quien murió en la esquina de las calles Webster y Hayes, en las cercanías del parque Alamo, la madrugada del 10 de febrero. Acosta, quien se mudó de Fresno a San Francisco, trabajaba en un supermercado. “Nunca había sido arrestado y no estaba involucrado en actividades criminales”, confirmó el Departamento de Policía. Fue asesinado mientras caminaba a casa de un amigo; tenía 23 años. Entre la matanza de Newtown, el 14 de enero de 2012 y el 18 de febrero, en los Estados Unidos se habían registrado 1,901 muertes por armas de fuego. El recuento lo publicó Resistir a la Violencia, una organización cívica que intenta crear conciencia para frenar lo que define como “la epidemia de violencia” en el mundo: armas, abuso doméstico, violaciones, toda clase de asaltos sexuales, acoso escolar.

El hijo de Mazatzin

Los amigos de Xe Acosta lo recordaron el 16 de febrero, en un evento que atrajo a decenas en el parque Alamo. Fue una ceremonia de paz, a la usanza indígena mexica. Quienes la organizaron pidieron porque se instituyan leyes más firmes para regular la venta de armas. El padre de Xe (se pronuncia Che) es Guadalupe Casas Acosta, renombrado como Mazatzin, una personalidad del Área de la Bahía, al parecer conocido en el continente entero. Hijo de inmigrantes, nacido en Lousiana, Casas ha dedicado su vida al estudio y la difusión de la cultura mexica. A instancias de Mazatzin Casas Acosta, desde marzo de 2010 en San Francisco se reconoce el calendario civil de los mexicas, representado en el famoso calendario azteca —hubo una proclama del gobierno citadino para este efecto—. Este año, la ceremonia de inicio se celebrará al atardecer del 12 de marzo, frente al campus de la Misión del City College. Ernesto Xe YeiKoatl, como era conocido por quienes compartían su gusto por la danza, alumnos de su padre eran muchos de sus amigos, será otra vez recordado en esa ceremonia, bajo la monumental Piedra del Sol —ocho metros de diámetro, elaborada con miles de azulejos pintados a mano— que adorna la fachada del colegio, en el 1125 de la calle Valencia.

Califaztlán

No hay pistas sobre quién le disparó. La policía pide se contacte al sargento John Burke, al 415-5531145, si alguien cree tener información que ayude a resolver el caso. También puede llamarse al 415-575-4444, número en que se reciben mensajes anónimos. Aun en el boletín policiaco pareció obrar la simpatía que en muchos inspiró Xe Acosta. Se habla de él como un “hombre de espíritu libre” con pasión por los viajes. “La gente mexica perdió a un querido hermano, el 10 de febrero en San Francisco, Califaztlán. Mi querido temachtiani Mazatzin, nos duele la pérdida de su hijo Ernesto Xe YeiKoatl. Era un gran joven, con mucho corazón y siempre con una sonrisa tierna”, se lee en el blog Ollin-atl, cuyo autor se hace firmar como Nahui Miquiztli. El Consejo Quetzalcoátl, un grupo con base en Oakland, que promueve la “filosofía del Anáhuac”, también difundió sus condolencias. Echaron mano del conocido poema de Nezahualcóyotl, aquel que recuerda que “nada es para siempre en la tierra: Solo un poco aquí”. Tres días antes que mataran a Xe Acosta, dos organizaciones con propósitos y estrategias similares, ambas fundadas en San Francisco, Global Exchange y Move On, habían realizado “una vigilia para terminar con la violencia de las armas”. Frente a la oficina de la congresista Nancy Pelosi, en la calles 7 y Mission, los manifestantes colocaron el 7 de febrero 26 pares de zapatos, calzado infantil, para representar a los menores masacrados en la escuela Sandy Hook, en Newtown, Connecticut, aquel hecho desgarrador, nuevo motivo de este debate.
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