May 19 2013, 7:50 AM Por: María Navarro

P: Fui deportado en el 1999. Regresé ilegalmente en noviembre del 2011. ¿Voy a ser elegible para el estatus migratorio provisional registrado (RPI), bajo la nueva ley?

A: El Congreso no ha aprobado la nueva ley de reforma migratoria.

El Congreso está trabajando en la legislación de inmigración que permitiría a aquellos que tenían órdenes de deportación, y que volvieron a entrar ilegalmente al país antes del 31 de diciembre de 2011, ser elegibles para el RPI.

Después de 10 años, los que logren la categoría de RPI serían elegibles para solicitar su tarjeta verde. Sin embargo, ninguna nueva ley ha pasado todavía. Esperamos saber más por el final del verano.

Por favor, asegúrese de hablar con un experto en leyes de inmigración antes de hacer las solicitudes de inmigración.

Para más preguntas llama a NMCIR al (212) 781-0355 o ven a nuestra oficina en el 665 Oeste de la calle 182. Por favor, ten en cuenta que la información proporcionada aquí no sustituye la asesoría legal de un abogado o un representante acreditado.

Maria Navarro es vicepresidenta de la junta directiva  de La Coalición de los Derechos de los Inmigrantes del Alto Manhattan.  También es abogada de Legal Aid.




May 18 2013, 9:01 PM Por: Humberto Caspa

Los días pasan, las semanas se van, los meses prosiguen y los años nunca vuelven, mientras tanto el proyecto de reforma migratoria todavía está en el "limbo".

En vez de resolver la situación legal de más de 11 millones de personas y contribuir con el desarrollo del país, algunos congresistas de Washington se dedican a promover el amarillismo político.

El nuevo escándalo tiene como principal actor al IRS. A pesar de que el problema dentro de la oficina de recaudación de impuestos es serio, las alegaciones en contra de oficiales del gobierno de alto rango (miembros del presidente Obama) son infundadas.

La problemática involucra específicamente al personal de esta agencia gubernamental y, como tal, deben ser investigados y castigados si es que son culpables.

Sin embargo, el Tea Party y los libertarios insisten en alimentar a los medios de comunicación con amarillismo.

Hoy, no hay tiempo para los chismes políticos, tenemos temas bastante importantes por delante. Tanto republicanos como los demócratas tienen que debatir y resolver a corto y mediano plazo el problema migratorio de más de 11 millones de personas.

El desplazamiento de este tema del centro de atención no es sano para la nación norteamericana, no es bueno para la economía y es bastante dañino para republicanos y demócratas.

En columnas anteriores había sostenido que el éxito de una reforma migratoria depende mucho del momento (tiempo) en que se presenta el proyecto en la plataforma del Congreso. Si el proyecto de ley arriba muy cerca de las elecciones presidenciales, lo más probable es que se muere debido a la polarización que frecuentemente crea los procesos electorales presidenciales.

El tiempo de presentar una reforma migratoria es hoy. Tanto los congresistas del Partido Republicano como los del Partido Demócrata pueden introducir un proyecto de ley en cualquiera de los dos estrados –el Senado o la Cámara Baja.

Marco Rubio y sus compañeros de equipo dicen que están trabajando en una ley que resuelve el problema de fondo. Lamentablemente parece que ese proyecto esta entumecido por la proliferación de información política amarillista que no hace más retardar el proceso de resolución.

Rubio y sus compañeros pueden hacerse un favor asimismo y, con ello, pueden reintegrar a su partido a una comunidad moderada que clama por liderazgo político. Los beneficios para los conservadores son muchos, pero lo más importante es poner en la historia la etiquetación de los inmigrantes por parte de algunos grupos de la extrema derecha que no hacen más que revivir los traumas discriminatorios del pasado.

Al Presidente Obama le corresponde guiarnos con este tema. Si los representantes no tienen los "tacones" para resolver este problema, su administración debería presentar un proyecto de ley al Congreso para su deliberación y resolución.

No hay tiempo para más. Tenemos que hacer a un lado los escandalillos políticos y tomar la ruta de resolución de problemas. La cuestión migratoria es una cuestión de todos los norteamericanos.


May 19 2013, 12:00 AM Por: Mario Vargas Llosa

Leila Guerriero es una periodista argentina, autora del libro 'Plano americano'.
El periodismo puede ser también una de las bellas artes y producir obras de alta valía, sin renunciar para nada a su obligación primordial, que es informar
Cada vez que regreso a Madrid o Lima luego de varios meses me recibe en la casa un espectáculo deprimente: una pirámide de libros, paquetes, cartas, e-mails, telegramas y recados que nunca alcanzaré a leer del todo y menos a contestar, y que por muchos días me deja la mala conciencia pertinaz de haber quedado mal con mucha gente que esperaba una respuesta, una opinión, a veces una simple firma. En los años sesenta, cuando empecé a recibir cartas y libros, los leía con cuidado y respondía a todos esos corresponsales espontáneos con misivas que a veces me tomaba varias horas redactar. Un día descubrí que si quería estar al día con las cartas tendría que dejar de escribir y hasta de leer. Desde entonces ya casi no contesto cartas y sólo alcanzo a leer una ínfima parte de los libros que recibo. Sé que voy quedando mal con mucha gente y ganándome enemigos por doquier, pero no tengo alternativa.

Eso sí, a veces, hurgando en la pirámide y hojeando los libros que no agradeceré, me llevo alguna sorpresa estimulante, como hace dos semanas, recién llegado a Madrid. Más de un centenar de libros se habían acumulado en mis seis meses de ausencia. Leía los títulos, la contraportada, los iba ordenando en pilas y olvidando, cuando, de pronto, en un índice advertí que uno de los capítulos de aquel volumen estaba dedicado a un humanista que admiro: Pedro Henríquez Ureña. Comencé a leer esa fascinante reconstrucción retroactiva de la vida del ilustre erudito dominicano a partir de su muerte súbita en el tren que lo llevaba de Buenos Aires a La Plata a dictar sus clases en el modesto colegio en el que se ganaba la vida y ya no pude parar la lectura hasta la última página del libro.

Su autora, Leila Guerriero, es una periodista argentina y el libro, que recoge una veintena de trabajos suyos —todos publicados en diarios y revistas con la excepción del que reconstruye con soberbia eficacia la vida de Roberto Arlt, que es inédito—, se titula Plano americano y está editado en Chile, por la Universidad Diego Portales. Me temo que esta edición tenga una circulación restringida y no llegue a los muchos lectores que deberían leerlo pues se trata de una colección de textos que, además del mérito que tiene cada uno de ellos, muestra de manera fehaciente que el periodismo puede ser también una de las bellas artes y producir obras de alta valía, sin renunciar para nada a su obligación primordial, que es informar.

Cada uno de estos perfiles o retratos de músicos, escritores, fotógrafos, cineastas, pintores, cantantes, es un objeto precioso, armado y escrito con la persuasión, originalidad y elegancia de un cuento o un poema logrados. En nuestro mundo, el periodismo suele ser el reino de la espontaneidad y la imprecisión, pero el que practica Leila Guerriero es el de los mejores redactores de The New Yorker, para establecer un nivel de excelencia comparable: implica trabajo riguroso, investigación exhaustiva y un estilo de precisión matemática.

Antes de enfrentarse a sus entrevistados (vivos o muertos), ella ha leído, visto u oído lo que ellos han hecho, se ha documentado con rigor sobre sus vidas y sus obras consultando a parientes, amigos, editores o críticos, leyendo toda la documentación posible sobre su entorno familiar, social y profesional. Sin embargo, sus ensayos no delatan ese quehacer preparatorio tan rico; al contrario, son ligeros y amenos, fluyen con transparencia y naturalidad, aunque, bajo esa superficie leve y ágil que engancha la atención desde las primeras líneas, se advierte una seguridad y seriedad que les confiere una poderosa consistencia.

Los perfiles de Henríquez Ureña, de Arlt, de Idea Vilariño, de Nicanor Parra, del crítico de cine uruguayo Alsina Thevenet, de la fotógrafa argentina Sara Facio, de Ricardo Piglia, Juan José Millás y todos los demás, son una verdadera proeza narrativa, por la cercanía que consiguen, introduciendo al lector en la intimidad de todos ellos, en la pulcritud o el caos en que viven o vivieron, en los objetos de que se rodearon, sus padres, mujeres o maridos, o hijos, y en su manera de trabajar, en sus éxitos y fracasos, en sus grandezas y pequeñeces. Leila Guerriero no interfiere jamás, nunca usa a sus personajes para auto promocionarse, practica aquella invisibilidad que exigía Flaubert de los verdaderos creadores (que, como Dios, "deben estar en todas partes pero visibles en ninguna"). Estas figuras jamás alcanzarían la densidad que tienen, el atractivo que emana de ellos, si la autora no escribiera con tanta desenvoltura y exactitud, no dijera sobre ellos cosas tan inteligentes y no las dijera de manera tan discreta y elegante.

La estructura de cada uno de estos perfiles no respeta la cronología, el tiempo transcurre en ellos casi siempre como un espacio en el que el relato avanza, retrocede, salta continuamente del futuro al pasado y al presente para ir creando una perspectiva poliédrica de estas personas, hasta dar de ellas una impresión de totalidad, de síntesis que aprisiona todo lo que hay o hubo en ellas de sustancial. El resultado es siempre positivo, todos los entrevistados terminan por despertar la simpatía, a veces la admiración, a veces la ternura y casi siempre la solidaridad del lector.

Porque otro de los atributos de Leila Guerriero, raro entre sus colegas contemporáneos, es ya no literario ni periodístico sino moral: el respeto con que se acerca a cada uno de sus personajes, sus esfuerzos por llegar a entender lo que son y lo que hacen sin que distorsionen su juicio los prejuicios y los clisés, el mismo tratamiento respetuoso y neutral que da a las figuras consagradas y a los artistas o escritores de menor significación o todavía principiantes. En este sentido, está en las antípodas de los celebrados periodistas norteamericanos del "nuevo periodismo" y sus frenéticos desplantes, del exhibicionismo que lucían entrevistando a estrellas a fin de desmenuzarlas y levantar sobre sus escombros estatuas a la gloria de sí mismos, a su picardía o inteligencia (en verdad, a su egolatría y deshonestidad). Ni una sola de las entrevistas y perfiles de Plano americano se permite esas licencias abusivas y vanidosas del periodista-espectáculo; todas ellas delatan, además del talento de su autora para rastrear las fuentes más íntimas de la vocación y creatividad de los autores, una voluntad de juego limpio, de objetividad y autenticidad, lo que dota a sus textos de una gran fuerza persuasiva: los lectores le creemos todo lo que nos dice.

Otro de los mejores hallazgos de su técnica narrativa es la eficacia de las citas. Sean frases tomadas de libros o artículos, o dichas por sus entrevistados, vienen siempre como relámpagos a iluminar un rasgo psicológico o delatar una manía, una obsesión, un recóndito secreto que explica cierta deriva existencial o motivo recurrente, algún detalle que de pronto esclarece algo que se anunciaba hasta entonces de manera informe y subrepticia.

En los años cincuenta, Truman Capote, un maestro de la publicidad, lanzó la idea de la novela-verdad, de la novela-reportaje, a raíz de A sangre fría, su minucioso testimonio sobre un crimen cometido en un pueblecito estadounidense. Leyendo este libro de Leila Guerriero he recordado mucho aquellas tesis de Truman Capote, porque me parece que esta periodista argentina hace realidad, con más provecho todavía que el escritor norteamericano, la idea de que los recursos y técnicas de la novela pueden ser utilizados para enriquecer un reportaje o un trabajo de investigación. Mi impresión es que en los casos de Truman Capote, Norman Mailer, Gay Talese o Tom Wolfe, lo literario llegaba a dominar de tal modo sus trabajos supuestamente periodísticos que estos pasaban a ser más ficción que descripción de hechos reales, que la preeminencia de la forma en lo que escribían llegó a desnaturalizar lo que había en ellos de informativo sobre lo que era creación. No es el caso de Leila Guerriero. Sus perfiles y crónicas utilizan técnicas que son las de los mejores novelistas, pero su método de estructurar los textos, utilizando distintos puntos de vista y jugando con el tiempo, así como dando al lenguaje una importancia primordial –tanto en la elección de las palabras como en sus silencios—, no llegan jamás a prevalecer sobre la voluntad informativa, están siempre al servicio de ésta, sin permitir que la forma deje de ser funcional y termine por trascender aquella subordinación a la realidad objetiva, que es el dominio exclusivo y excluyente del periodismo.


May 19 2013, 12:30 AM Por: Raymundo Riva Palacio

El presidente mexicano quiere modificar el modelo financiero del país
El presidente Enrique Peña Nieto recuperó esta semana la iniciativa
Después de más de tres semanas de tumbos y empaparlo una crítica que lo había dejado seco durante cuatro meses, el presidente Enrique Peña Nieto recuperó esta semana la iniciativa. Autorizó una operación política y policial para recuperar Michoacán, que había perdido la mitad de su territorio ante maestros, guerrilla y narcotráfico, ordenó un plan de estímulos al comercio para frenar la carestía de los productos de la canasta básica, y comenzó a sacudirse los lastres políticos, con el cese del procurador federal del Consumidor, Humberto Benítez Treviño, ante la pérdida de legitimad por un abuso de autoridad de sus subalternos. Entre tanto ruido no se apreció el golpe de timón que le dio a un navío que hacía agua.

Peña Nieto había ido navegando sobre mares tranquilos, libres de tempestades, cuando la revelación de que funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social planeaban con funcionarios de Veracruz el desvío de fondos públicos para fines electorales, le encontró un punto débil, la falta aún de empaque para administrar a bote pronto una crisis. No reaccionó bien ante el escándalo desatado cuando en Chiapas, el 20 de abril, dijo: "No te preocupes (Rosario Robles), hay que aguantar porque han empezado las críticas. Han empezado las descalificaciones de aquellos a quienes ocupa y preocupa la política y las elecciones. Pero nosotros, en este gobierno, tenemos claro un objetivo claro que es acabar con el hambre".

En 44 palabras, Peña Nieto crucificó a su secretaria de Desarrollo Social. El líder del PAN, Gustavo Madero, quien hizo la denuncia, le replicó al Presidente que no era una crítica sino una denuncia. La exhibición política y semántica que hizo Madero del Presidente fue acompañada con el retiro temporal del PAN del Pacto por México, en el cual lo acompañó el PRD. El nuevo gobierno tuvo no sólo su primera crisis política, sino que amenazó con vaciar de discurso y contenido al presidente Peña Nieto, y puso en riesgo la olla donde se cocinan las reformas estructurales que prometió y sobre las cuales el mundo lo colmó de elogios.

La reacción políticamente correcta en Zinacatán era un discurso enérgico donde le pedía a la secretaria que investigara y sancionara a los responsables. Hizo lo contrario. La solapó en un arranque de cariño personal pero de insensibilidad política. Robles, de cualquier forma, hizo lo que debía y cesó a los funcionarios en Veracruz, pero no pudo quitarse el puñal que el Presidente, sin darse cuenta, le clavó en la espalda. Para salvar al Pacto, Peña Nieto y los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Hacienda, Luis Videgaray, persuadieron a Madero y al líder del PRD, Jesús Zambrano para sentarse nuevamente en la mesa, con la promesa de blindar aún más los procesos electorales.

Peña Nieto había perdido el teflón. Robles recibió una paliza mediática generalizada que aguantó estoicamente, tras la orden de la Presidencia que se callara y, ahora sí, aguantara. Días después, la hija de Benítez Treviño y altos funcionarios de Profeco, incurrieron en un abuso de autoridad, con lo cual la prensa, con una ferocidad inusitada para el tipo de arbitrariedad, le dispararon con el calibre más alto al procurador Benítez Treviño. Los dos funcionarios son muy cercanos al Presidente, por lo que la pregunta de si en realidad la crítica era para ellos o para Peña Nieto, tomó carta de identidad en la opinión pública. El Presidente tuvo un mes, más propio de quinto año de gobierno que de 180 días de administración. Se evaporó el impacto de la captura de la maestra Elba Esther Gordillo, porque los maestros disidentes le incendiaron Guerrero y Michoacán y le pararon la Reforma Educativa. El de la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con discursos muy laudatorios de Peña Nieto, fue efímero ante la guerra de cárteles en Michoacán.

El empujón contra el Presidente fue la economía. Todos los indicadores industriales se cayeron, mientras que los precios de la canasta básica se incrementaron hasta en un 400%. El crecimiento en el primer trimestre fue de 1%, a la vez que el peso sobrevaluado golpeó a las exportaciones y dañó aún más a las manufacturas. Las tres crisis se venían conformando en una tormenta perfecta: la política, la social y la económica. El avanzar simultáneamente iba a provocar, si no el colapso del gobierno, una derrota muy prematura ante la realidad descomposición acelerada por un discurso fallido.

Pero esta semana, Peña Nieto sacó la cabeza. Aceptó la condición del PRD para incorporar a los maestros disidentes a la mesa del Pacto por México, y al PAN le entregó una concesión política un poco absurda pero exigida: cumplir la ley, como está escrita en la ley. Es decir, comprometerse a cumplir con lo que ya es ley. ¿Pero qué importa la galimatías si con ello se salva el Pacto por México y con ello la Presidencia de Peña Nieto? En el fondo esto es lo que se puso en juego.

El gobierno de Peña Nieto no tiene más ruta de navegación que lo que se acordó con el Pacto, que es un instrumento donde se deciden cuáles son las reformas que vienen y se envían a las cámaras pre-aprobadas. Sin el Pacto perdía el rumbo el Presidente y su gobierno se desdibujaría. Sólo tiene un año real para hacer las reformas de fondo que prometió, y sobre las cuales quiere reconstruir económica y políticamente el país. Sin él sería un Presidente más que prometió y no cumplió. ¿Cuánto le ha costado mantener vivo el Pacto por México? No se sabe aún, pero si tiene éxito, toda la crítica actual pasará como un pie de página en la historia, y los costos que hoy pagó, se convertirán en los beneficios que sueña cambiarán el rumbo del país.


May 19 2013, 12:30 AM Por: Rodolfo Casparius

Una internación me permitió ver los distintos niveles de la atención médica
Burbujas

Acabo de terminar la estadía en un hospital que duró 17 días los cuales sobrelleve con Lucila a mi lado día y noche.

Todos nos movemos dentro de ciertos círculos. Hay el familiar, el de los amigos, el del trabajo, y miles más, algunos de ellos desconocidos. Dentro de estos círculos hay uno muy grande que es el de la salud y que tiene innumerables facetas que ignoramos totalmente en tango gozamos de salud.

Houston tiene algunos de los mejores hospitales de los Estados Unidos, con enorme cantidad de gente que sirve en ellos y millones de buscadores de salud que vienen de todo el mundo a tratar de recobrarla aquí. Uno no piensa en ello y solo sabe que existen porque es parte de la infraestructura de salud de este país.

Entre esos grandes hospitales están desde luego el Methodist Hospital, el St. Luke's, el MD Anderson, y otros menos conocidos internacionalmente, pero de ninguna manera inferiores en capacidad de atención a sus pacientes.

Yo estuve internado en el hospital Park Plaza de menor número de habitaciones pero igual o mejor calidad de atención que muchos otros grandes hospitales.

Entrar a ese círculo especial de la salud se debe generalmente a un problema serio que se tiene. En mi caso, se debió a un tumor en la vejiga que me abrió la puerta del hospital donde me mantuvieron otras complicaciones posteriores.

Mis noches terminaban generalmente a las 3 de la mañana sin ninguna razón especial. A partir de las 4, entraban enfermeras cada hora, prendían las luces, tomaban los signos vitales, y se iban. Yo me quedaba conectado con una serie de aditamentos por los que me daban suero y medicinas.

Durante los días y noches que pase en este gran hospital de Houston tuve tiempo para realizar un analisis crítico acerca de todo lo que estaba viviendo.

Pensando en el personal que me atendió, me atrevo a hacer una división entre los que trabajan por turno, muchos de ellos muy buenos, y los que trabajan como misión para atender a los necesitados. Dentro del grupo de los que trabajan por turno, hay gente sumamente eficiente, pero eficiente de 7 a 7 ó cualquiera que sea su horario de trabajo, y en el grupo de los que laboran por vocación hay algunas enfermeras excepcionales en cuanto al trato al paciente. Aclaro que ninguna de ellas me trato mal pero se siente quienes son los que trabajan por horas y quienes trabajan preocupados por sus pacientes. Ese es, llamémosle, el primer escalón.

En el segundo escalón, hay cierto número de médicos que estuvieron interesados todos los días en el proceso de mi curación. Ellos analizaban los resultados de los análisis de sangre que me extraían todas las mañanas y monitoreaban mi progreso. El interés y dedicación de esos médicos me hacía sentir muy apoyado, más allá de la pura atención de los cuidados básicos.

En el tercer escalón están los niveles de genios que indebidamente no aparecen sus nombres en letras de oro en los hospitales.

El primero de estos genios, únicamente para fines de enumeración, es el doctor Jonas Garcia, internista y cardiólogo que durante años ha sido mi doctor, y en esta ocasión me beneficio de su importancia, su valía y su capacidad como médico, demostrando el porqué es sin duda uno de los grandes médicos y maestros de Houston. No pasó un día sin que me visitara por la mañana y por la tarde, revisara en la bitácora todas las anotaciones hechas por otros médicos y enfermeras, y ordenara ciertas medidas para mejorar mi situación.

Otro de ellos, importantísimo porque fue el que me operó, es el doctor Juan Stern, el mejor urólogo que existe en Houston y que no solamente ejecutó una operación sumamente difícil sino que tuvo que afrontar el hecho de que uno de mis riñones no trabajaba adecuadamente. Es un médico sumamente ocupado pero durante los 17 días que estuve en el hospital todos los días me visitó dos veces también y cuando muchas de las cosas no resultaban como él esperaba, inventó junto con un gran radiólogo de ese hospital, un sistema de pequeñísimos tubos que instalaron subcutáneamente (sin abrir), para conectar el riñón que no trabajaba bien con la vejiga y dejando temporalmente en el exterior una bolsa alterna. En otras palabras, crearon un sistema de plomería bajo la piel sin molestias especiales para mí, pero que permitió que mi cuerpo poco a poco volviera a trabajar como debe de ser. La plomería todavía está conmigo y llevo en mi costado izquierdo una válvula que regula su funcionamiento.

Los dos nombres de los doctores Jonas Garcia y Juan Stern deberían de estar grabados con grandes letras en algún lugar porque lo que ellos hicieron para curarme tiene niveles de genialidad que debiera ser del conocimiento de muchos.

Espero ir mejorando y estar con ustedes cada semana hablando de temas que cuando uno está botado en el hospital parecen tan triviales, como los desacuerdos políticos y las críticas que con tanta facilidad se hacen de las acciones de los personajes públicos.

Espero que me perdonen haberles fallado una semana y les ofrezco hacer todo lo posible para que no vuelva a suceder.

Que Dios les de salud.


May 17 2013, 9:01 PM Por: Rubén Navarrette

Somos una nación de inmigrantes a la que nunca le han gustado los inmigrantes.
Los debates sobre inmigración ha estado, históricamente, repletos de prejuicios
Inmigración

José Antonio Vargas, un periodista que se ha convertido en activista, expresó recientemente que "el racismo y la xenofobia no deben ser parte del debate sobre la inmigración, punto."

¿No deben ser parte? El racismo y la xenofobia son parte permanente del debate sobre la inmigración.

Como aprendí durante los 25 años en que cubrí el tema desde su epicentro —en ciudades tales como Phoenix, Dallas y San Diego— sin racismo ni xenofobia, no habría debate.

Así es como se divide el diagrama: de toda la ansiedad y animosidad que experimentan los estadounidenses por la inmigración, 10% se debe a la inquietud por la seguridad fronteriza; 10%, al temor de que los inmigrantes cometan delitos; 10%, a la cólera por los beneficios que reciban; 10%, al temor de que no se asimilen y 10%, a que causen cambios demográficos. El otro 50% es por racismo y xenofobia.

¿Por qué ahorrar palabras? Los estadounidenses casi siempre desprecian a los inmigrantes por considerarlos inferiores a los que ya están aquí.

Así era cuando Benjamin Franklin, un inglés, sacudió su puño ante inmigrantes alemanes, a mediados del siglo XVII, declarando que "nunca adoptarán nuestro idioma ni costumbres, de la misma manera en que no adquirirán nuestra tez." Y cuando se decía en la Costa Oeste, a mediados del siglo XIX, que los inmigrantes chinos no eran "asimilables". Y cuando el senador Henry Cabot Lodge de Massachusetts advirtió, en 1905, que los inmigrantes (léase, los irlandeses) estaban "disminuyendo la calidad de nuestra ciudadanía". Y cuando se criticaba a los inmigrantes italianos por ser presuntamente no instruidos y sucios y —no es una broma— oler a ajo. Y cuando, en una encuesta de opinión pública de 1938, aproximadamente el 60%o de los encuestados expresó tener una pobre opinión de los inmigrantes judíos, calificándolos de "codiciosos", "deshonestos" y "agresivos". Y podría continuar.

Hoy en día, el blanco es, a menudo, los inmigrantes latinos quienes —según los sitios web supremacistas disfrazados de salones intelectuales— diabólicamente, por arte de magia, privan de puestos de trabajo a los estadounidenses y al mismo tiempo se quedan en casa y cobran seguro de desempleo. Quieren convertirse en ciudadanos estadounidenses, y tener voz en el sistema político, lo que es un problema para los supremacistas. Pero también quieren no tener nada que ver con la ciudadanía, lo cual también es un problema. Los inmigrantes latinos hacen de todo —desde criar a nuestros hijos hasta limpiar ventanas de rascacielos— pero, aún así, en lo que respecta a muchos estadounidenses, no pueden hacer nada bien.

Somos una nación de inmigrantes a la que nunca le han gustado los inmigrantes. Nuestro lema nacional no es realmente E pluribus unum. Es más bien: Es el fin de nuestro vecindario.

Aún así, uno pensaría que un investigador con un doctorado de Harvard sería suficientemente listo para camuflar su racismo y su xenofobia.

No ocurrió eso con Jason Richwine, quien hasta hace poco ocupaba el puesto de analista de políticas senior en la conservadora Heritage Foundation. Con la intención de torpedear una propuesta de ley, presentada en el Senado por ambos partidos, para una reforma migratoria que conferiría categoría legal a millones de inmigrantes ilegales, Richwine fue uno de los autores de un estudio categóricamente desprestigiado, que decía que esa legislación costaría a los contribuyentes estadounidenses unos 6.3 billones de dólares, en el curso de los próximos 50 años.

No hubo mención alguna del contrapeso de billones de dólares generado, durante el mismo período, por nuevos impuestos, tanto para los inmigrantes como las empresas que los emplearan —así como tampoco de la expansión, incremento de productividad y puestos de trabajo en esas empresas debido a la disponibilidad de mano de obra inmigrante.

Lo que causó problemas a Richwine fue la revelación de que, en su disertación de 2009 en Harvard, sostuvo que los hispanos eran menos inteligentes que los blancos —en todos los casos y perpetuamente. Richwire no sostuvo que los inmigrantes hispanos eran intelectualmente inferiores a los estadounidenses blancos, lo que ya hubiera sido bastante inapropiado. Persiguió también a sus descendientes. Escribió lo siguiente: "Los inmigrantes que viven en Estados Unidos hoy no tienen el mismo nivel de capacidad cognitiva que los nativos. Nadie sabe si los hispanos alcanzarán alguna vez una paridad de cociente intelectual con los blancos, pero la predicción de que nuevos inmigrantes hispanos tendrán hijos y nietos con cociente intelectual más bajo es difícil de refutar."

Ajj. Por lo menos Benjamin Franklin lo hizo con más estilo.

Poco después de que surgiera a la luz su tesis, Richwine renunció a su puesto. No obstante, después de los primeros informes, la Heritage Foundation manejó mal todo el episodio.

¿Y qué es eso de la disertación? En reconocimiento a su brillantez, mi alma mater —John F. Kennedy School of Government— concedió a Richwine su doctorado. Pero no se preocupen. Según una declaración del decano, David Ellwood, esas diatribas racistas fueron examinadas por un "comité de académicos."

Cambridge, tenemos un problema. Estados Unidos, tú también.


May 17 2013, 9:01 PM Por: Raúl Benoit

Están equivocados los que subvaloran la capacidad de los demás por su aspecto étnico, cultural o por el dinero.
La arrogancia se expande como un virus social, afectando las relaciones humanas y el respeto por la dignidad de los demás
Al Grano

Como un gen defectuoso que espera brotar para hacer daño, la arrogancia surge hasta en espíritus bondadosos y humildes cuando el egoísmo embarga a las personas.

Hace algunos años creía que mis paisanos colombianos eran tupidos por el orgullo y los más arrogantes de América Latina, pero a medida que he viajado por el continente, reconozco el error y corrijo mi evaluación sobre qué comunidad es la más pedante.

Pregunté en Twitter: Los colombianos acusan de ser arrogantes a los venezolanos; los ecuatorianos a los colombianos; los argentinos piensan que son los paraguayos; los peruanos señalan a los chilenos; los guatemaltecos a los costarricenses, igual que los hondureños, aunque algunos de ellos piensan que son los salvadoreños, quienes a su vez vuelven y acusan a los costarricenses porque dicen que creen vivir en Suiza.

Los hispanos en Estados Unidos, especialmente en California, acusan a los mexicanos; en Miami, donde la multiplicidad de nacionalidades genera una competencia alevosa, incriminan a los cubanos. Y si de consenso se trata, en toda América Latina piensan que los argentinos se llevan el premio. Hay que darles crédito: Tienen al papa Francisco, a Lionel Messi y al dios Maradona. Con esos tres personajes sueñan estar en el cielo.

Un tuitero suspicaz señaló que los arrogantes son aquellos que creen que los demás lo son.

Viajando de Guatemala a Miami me encantó conocer a una indígena de la etnia quiché, vistiendo su traje típico y cargando dos cajas de cartón. Sus paisanos, algunos con el mismo color de piel, la miraron feo y en ciertos casos se cubrieron la nariz con gesto de repugnancia.

La ayudé a guardar su equipaje, complaciéndome que hablara inglés y conoce a la perfección la tecnología. En su iPad me mostró fotos del rancho y de los nietos, ante la mirada atónita de los otros pasajeros que no podían admitir semejante privilegio que creen solo para ellos.

Después de reflexionar comprobé que los verdaderos arrogantes son los que se sienten superiores a los demás y por lo general, aquellos que tienen un poquito más que el resto de la gente. A todo nivel social, siempre habrá alguien que humille al que cree debajo de su posición, mirándolo por encima de los hombros porque considera que es de menor calidad humana al no tener privilegios.

Estas personas engreídas realmente son inseguras. Creen que son más importantes por tener un mejor carro que los demás, la casa más grande del barrio, volar por cortesía en primera clase en el avión para quitarse los zapatos olorosos, comprar un reloj de marca y alardear con el celular de última generación. No es sano causar envidia.

Lo grave es que la arrogancia se expande como un virus social, afectando las relaciones humanas y el respeto por la dignidad de los demás. Debemos cambiar de actitud y sepultar la pedantería humillante que genera injusticia, para que el mundo viva en armonía.

Están equivocados los que subvaloran la capacidad de los demás por su aspecto étnico, cultural o por el dinero. No seamos egoístas. Cultivemos la humildad y la sencillez. Así viviremos como mejores seres humanos. La arrogancia es de los pobres de espíritu.


May 17 2013, 3:37 PM Por: María Antonieta Mejía

Jerry Brown tendrá en sus manos el futuro del Acta de Confianza.
La Asamblea de California aprobó la llamada Acta o Ley de Confianza; su futuro dependerá del Senado estatal y el gobernador Jerry Brown
Buen ejemplo dio la Asamblea de California esta semana luego de aprobar la llamada Acta o Ley de Confianza, que ahora tendrá que pasar la prueba en el Senado estatal y en el escritorio del gobernador Jerry Brown. Ojalá la pasen.
Este proyecto de ley estatal que de alguna manera nació para combatir a Comunidades Seguras, evitaría la deportación de inmigrantes indocumentados de California que no hayan cometido delitos graves. Ojalá que el gobernador Brown piense bien antes de tomar la decisión, y que su corazón se incline hacia el lado de los inmigrantes, que lo único que buscan es trabajar con tranquilidad, y no con la amenaza de ser deportados en cualquier momento y separados de su familias. Lo ocurrido en la Asamblea de California esta semana tiene gran importancia, debido a que en estos mismos días se discute el proyecto de reforma migratoria en la capital del país. Parece que finalmente el tema de inmigración, que es de suma importancia, está tomando la relevancia que merece.


May 17 2013, 4:30 PM Por:Alberto Ampuero
El secretario de Justicia, Eric Holder, insistió en que el espionaje a la AP se hizo ante lo que calificó como una seria filtración de seguridad.
Este comportamiento dejará una mancha entre los periodistas que cubrieron este gobierno
Sociedad

Crece el escándalo por las escuchas secretas hechas por el Departamento de Justicia a los periodistas de la agencia Associated Press (AP).

Más de 50 organizaciones de medios de comunicación reprobaron la "operación desmedida" y el daño injustificado a la libertad de prensa en una carta firmada, entre otros, por Dow Jones, EW Scripps, Gannett, The New York Times, The Newspaper Guild, Time Inc. y The Washington Post.

En respuesta, el secretario de Justicia, Eric Holder, insistió en que el espionaje se hizo ante lo que calificó como una seria filtración de seguridad.

"He sido fiscal desde 1976. Y tengo que decir que esta (...) es una de las más graves (filtraciones) que yo haya visto", afirmó. "Y tratar de determinar quién es responsable de eso, creo, requiere de una acción muy agresiva."

Se cree que el accionar de los investigadores del Departamento de Justicia tiene que ver con la historia difundida por AP en mayo de 2012, sobre la existencia de un espía reclutado por sauditas para infiltrar a la red Al Qaeda en Yemen. El presunto espía recibió una bomba para hacerla estallar en un avión con destino a Estados Unidos, pero el infiltrado entregó el artefacto a las autoridades de Riad, a quienes reveló los detalles del complot.

La historia de AP revelaba detalles de esa operación de la CIA que había impedido un atentado en un avión procedente de Yemen, a pesar de que la Casa Blanca había afirmado previamente de que "No había una amenaza creíble acerca de planes de organizaciones terroristas como Al Qaeda para atacar en EEUU".

"La historia de AP sugirió lo contrario, y sentimos que era una información importante y que el público merecía saberlo", señaló el presidente de la agencia, Gary Pruitt

Holder declaró que el artículo estaba basado en la filtración de información sensible que había "puesto en riesgo" a la nación. Como consecuencia, el Departamento de Justicia registró en secreto las llamadas salientes de más de 20 líneas telefónicas de la agencia AP, incluido el teléfono fijo que la organización tiene en la sala de prensa de la Cámara de Representantes en el Capitolio.

La Administración Obama habría intentado obtener así la identidad de una fuente que reveló una operación de la CIA en Yemen.

Los grupos defensores de los derechos civiles y de la libertad de prensa reaccionaron escandalizados, acusando al gobierno de "inaceptable abuso de poder".

La Casa Blanca justificó sus métodos para indagar fugas de información.

Según Stewart Baker, exsecretario asistente de política del Departamento de Seguridad Interna, en los últimos cinco o seis años, el manejo de información sensible por individuos dentro del gobierno está fuera de control y que Obama decidió utilizar herramientas a su disposición de una manera agresiva para lidiar con casos serios se seguridad.

En su persecución de las filtraciones, como ninguna otra administración lo había hecho antes, el Departamento de Justicia ha abierto seis casos contra miembros del Gobierno por filtrar información clasificada a los periodistas y ha logrado enviar a prisión, por primera vez en la historia, a un exagente de la CIA, John Kiriakou, por desvelar la identidad de dos compañeros.

En el caso de AP, la obtención y revisión de registros telefónicos de periodistas ha generado severos cuestionamientos sobre la forma en que el gobierno de Obama intenta balancear la necesidad de reforzar la seguridad nacional con los derechos de privacidad.

Dotty Lynch, profesora de comunicación política, indicó que entre el gremio hay mucha desilusión con el gobierno de Obama por el tono que ha impuesto en aras de la seguridad nacional y la línea borrosa de lo que puede o no hacer para controlar la filtración de información.

Lo que sí tiene iracundos al ala liberal dentro y fuera del gobierno y al gremio periodístico en el caso de AP, es lo que consideran como la extralimitación de los poderes del Departamento de Justicia.

"Si la más respetada agencia es intimidada, si los medios son intimidados, el impacto directo lo siente el público que tiene el derecho de saber sobre las actividades de su gobierno", comentó Michael Macleod-Ball, de la oficina legislativa de la Unión de Libertades Civiles (ACLU) en Washington.

"Había tanta promesa y las esperanzas eran tan altas que este comportamiento dejará una mancha entre los periodistas que cubrieron este gobierno", concluyó.

En todo caso, en un intento por mitigar el enojo de la prensa, Obama propuso hoy revivir una ley para proteger más a los periodistas que se niegan a revelar sus fuentes. (La ley fue aprobada por el Comité Judicial del Senado en 2009, pero no logró pasar en la votación del pleno del Senado).

La iniciativa busca impedir que los periodistas sean obligados a testificar acerca de sus fuentes confidenciales, a menos de que todos los demás recursos sean agotados y que su testimonio sea de interés público.


May 17 2013, 4:00 PM Por: Javier Sierra

Muchos hispanos viven o trabajan peligrosamente cerca de un lugar tóxico, ya sea una refinería, un incinerador, una planta de combustión de carbón, una gran autopista o un campo de cultivo.
Los inmigrantes hemos sido la savia que ha mantenido vivo el trabajo duro y el progreso que han hecho grande a Estados Unidos
Sierra y tierra

Durante una entrevista con una estación de radio de Florida sobre las peligrosas condiciones laborales en las que trabajan cientos de miles de hispanos indocumentados, la llamada de uno de los oyentes nos puso a todos el vello de punta.

Su trabajo consistía en introducirse en el enorme colector de desechos de un hospital local. Atado a una cuerda, descendía a la base del depósito para desatascar el desagüe de jeringas, agujas hipodérmicas, vendajes usados y una larga lista de desechos médicos. El oyente nos aclaró que sus únicas protecciones eran unas botas de hule, una mascarilla de papel y un casco con linterna para alumbrar la panza del monstruo en el que trabajaba.

A preguntas de por qué no se buscaba un empleo menos peligroso, nos dijo: "No puedo. No tengo papeles. Y si no trabajo, mi familia en mi país no come".

En Estados Unidos hay al menos 11 millones de indocumentados que —contrario al mito de que vienen a este país a vivir del "welfare"— están dispuestos a trabajar en lo que sea para escapar de la pobreza y miseria que les expulsaron de sus hogares. Y ese "lo que sea" con demasiada frecuencia constituye un peligro cierto para su seguridad y su salud.

Según una encuesta realizada el año pasado por el Consejo Nacional de La Raza y el Sierra Club, el 43% de los votantes hispanos vive o trabaja peligrosamente cerca de un lugar tóxico, ya sea una refinería, un incinerador, una planta de combustión de carbón, una gran autopista o un campo de cultivo.

Si los votantes hispanos sufren las consecuencias de la contaminación y la degradación medioambiental de manera tan desproporcionada, es obvio pensar que para esos 11 millones de trabajadores obligados a vivir silenciosamente en las sombras de la sociedad, ese bombardeo tóxico será mucho peor.

Pero estas personas sufren otro tipo de bombardeo, más sutil pero no menos pernicioso. Sobre ellos también llueven las iras y el desprecio de un intenso movimiento antiinmigrante que los deshumaniza y demoniza llamándoles "ilegales" y "criminales".

¿Quién quiere abandonar a su familia, amigos, cultura y país para viajar arriesgando la vida a un país hostil que casi con certeza le va a considerar un criminal?

La historia de nuestro país la han escrito personas que, como estos 11 millones de indocumentados, lo arriesgaron todo para escapar de la persecución, la miseria o ambos en busca de una vida digna y un futuro para sus hijos. Los inmigrantes hemos sido la savia que ha mantenido vivo el optimismo, el trabajo duro y el progreso que han hecho grande a Estados Unidos.

Pero este ciclo vital ahora está roto, tan roto como el sistema migratorio que lo regula. Es por ello que la junta directiva del Sierra Club ha aprobado unánimemente apoyar una vía justa hacia la ciudadanía de estos 11 millones de personas.

"Estableciendo una vía justa hacia la ciudadanía, podemos potenciar a los más vulnerables a la contaminación tóxica para participar plenamente en el sistema democrático, defenderse contra los contaminadores, y exigir protecciones a la salud pública y soluciones de energía limpia", dijo Allison Chin, presidenta del Sierra Club, al anunciarse la decisión.

El Club cree que a estas personas se les han negado sus derechos civiles de protegerse no sólo contra el bombardeo tóxico sino también contra los efectos del cambio climático, a los cuales, los hispanos, documentados o no, somos especialmente vulnerables.

La salud de este árbol llamado Estados Unidos necesita esta savia nueva llamada inmigración.

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